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Leyenda del tren descarrilado

Leyenda del tren descarrilado

Al igual que muchas personas, debo confesar que le tengo un miedo extremo a volar. No sé si eso sea culpa de la televisión o simplemente un miedo que no he podido superar. La cuestión es que debía ir a un pueblo vecino a hablar con un cliente. Revisé varios sitios de Internet y encontré que la manera más económica (aunque no la más rápida) de llegar a mi destino era haciéndolo por ferrocarril.

Preparé una pequeña maleta con una muda de ropa, un reproductor de música y un libro de leyendas. Fui a la estación y uno de los empleados del tren me guió hasta donde estaba mi camarote.

En aquel cuarto, sólo cabía una cama y una pequeña ventana que me dejaba apreciar el paisaje. El ruido de la puesta en marcha de la máquina hizo que me sobresaltara más de una vez, lo que era entendible si tomamos en cuenta que hacía más de siete años que no me subía a un tren.

En punto de las nueve de la noche, una campanilla sonó por todo el pasillo indicándonos que era la hora de acudir al carro comedor para cenar. Yo no quise dejar mi lectura, así que lo que hice fue avisar que no saldría.

Apague la luz y traté de dormirme. Después de dar varias vueltas en la cama y percatarme de que no podría conciliar el sueño, se me ocurrió que podía matar el tiempo contando estrellas.

No bien había alzado la vista hacia el firmamento cuando sentí que la velocidad del ferrocarril aumentó. Les puedo asegurar que se sentía como si fuera un automóvil, es decir, a una velocidad de más de 100 km/h.

Los gritos y alaridos de terror no se hicieron esperar y la gente comenzó a amontonarse en los pasillos. De los altoparlantes ubicados en esa zona, se escuchó un mensaje que decía:

– Por su seguridad, vuelvan a sus camarotes.

Súbitamente un golpe seco hizo que el tren se descarrilara. El vagón en donde yo viajaba quedó de lado, por suerte pude salir rompiendo un cristal. Jamás olvidaré que en el instante en el que puse un pie en la grama, puede observar claramente a un vampiro con los colmillos llenos de sangre.

Me oculté en una parte frondosa del bosque y pedí ayuda usando mi teléfono móvil. En menos de cinco minutos una patrulla llegó en mi auxilio y me sacó de allí.

Narración de terror Salome

Narración de terror Salome

En un poblado del centro del país, ocurrió un hecho que conmocionó a la comunidad internacional. Los periodistas que cubrieron el suceso, se dedicaron a hacer narraciones de lo acontecido.

Resulta que una niñita de tan sólo nueve años, había sido asesinada por su propio padrastro. Salomé, que era el nombre de la pequeña, tenía poderes extra sensoriales que le brindaban la facultad de predecir el futuro. Lo anterior consta en las
narraciones periciales.

En el pueblo algunas personas se acercaban a ella para pedirle consejo, sin que les importara su corta edad, pues a menudo era muy acertada. Su única familia era su madre, ya que su padre se fue de la casa cuando ella cumplió tres meses de nacida.

No obstante, su progenitora salió con varios individuos durante ese tiempo, con el fin de volver a establecer un hogar. El hombre que se ganó su confianza fue un señor de nombre Raymundo.

Salomé reprobaba esa relación, pues le contaba a su mamá que en sueños veía como Raymundo sólo decía amarla con interés de obtener su fortuna.

Diecinueve meses después de que se llevó a cabo el compromiso civil, el padrastro de Salomé encerró a esta en una bodega y le dijo:

– El único obstáculo que se interpone en mi felicidad eres tú. Ya estoy cansado de que siempre te entrometas en cosas que no son de tu incumbencia.

Tomó a la niña del cabello y la abofeteó hasta dejarla inconsciente. Acto seguido, cogió un recipiente lleno de gasolina y roció el cuerpo de la pequeña. Después encendió un rollo de tela y se lo aventó en la cara a Salomé.

Los chillidos de la niña eran silenciados por las carcajadas de Raymundo, quien gustoso observaba como la chiquilla agonizaba hasta morir.

Sin embargo, Salomé pronunció como pudo unas palabras y una viga se desplomó sobre su padrastro dejándolo con una gran herida en el abdomen. El detector de humo hizo que la alarma de incendio se activara y con ello que los bomberos llegaran a los pocos minutos.

A su arribo, el hombre confesó el crimen argumentando que lo que le había sucedido a él, fue un justo castigo por sus acciones.

Narraciones fantásticas

Narraciones fantásticas

Las narraciones las podemos localizar en cualquier crónica breve. Por ejemplo, ¿quién no ha escuchado hablar sobre el “Coco”? Ese extraño personaje que supuestamente crearon nuestras mamás para obligarnos a ir a la cama, aunque no tuviéramos sueño.

Y dije supuestamente, ya que un vecino de mi edificio, cuyo nombre es Mauricio por cierto, me platicó una serie de narraciones que indicaban que antenoche tuvo una charla con él.

– Mi papá me mandó dormir aunque yo le dije que mañana era sábado y que no debía levantarme temprano. Dijo Mauricio.

– No discutas. Vete a tu cuarto, ya tendrás edad de desvelarte cuando seas mayor, mientras tanto obedece. Si no lo haces, puede venir el Coco.

– Papá esas historias de que viene el Coco, estaban bien cuando yo tenía cinco años, pero de eso ya han pasado seis y la verdad es que con eso ya no siento ninguna preocupación. Replicó mi joven vecino.

– No te lo he mencionado para asustarte, simplemente te lo he dicho porque es la verdad. Pero si no me crees, te invito a que lo invoques esta noche. Seguro vendrá. Respondió su padre.

Mauricio cerró los ojos y puso su mano izquierda sobre el corazón pidiendo con todas sus fuerzas que aquella criatura mítica apareciera en sus aposentos. No obstante, nada ocurrió y el chico se fue a dormir.

Más o menos a las cinco de la mañana, escuchó que alguien estaba aventando piedras en su ventana. Se levantó muy enojado para abrirla. Ese momento fue aprovechado por un hombre calvo y de baja estatura quien entró velozmente al cuarto.

– Hola Mauricio, soy el Coco.

El niño se puso pálido y dio unos cuantos pasos hacia atrás. En ese momento el extraño hombre comenzó a carcajearse y le mencionó:

– No tengas miedo, sólo vine porque me llamaste. Mi verdadero nombre es Eugenio, pero todos me llaman “Coco” porque en mi cabeza ya no queda ningún cabello.

– ¿Y de qué quiere hablar señor?

– He visto que no obedeces a tus padres y eso no me gusta. Yo soy una criatura mítica que se alimenta del temor de los niños, pero también me gusta ayudar a aquellos que creo pueden cambiar su manera de actuar. Tú eres un buen muchacho y además tus padres únicamente desea lo mejor para ti. Trata de no hacerlos enfadar por favor, si lo haces volveré y esta vez no seré tan cordial.

– Cambiare, lo prometo.

Mauricio ha mantenido su promesa.