Leyenda corta del hombre cigarra

Leyenda corta del hombre cigarra

A veces, sin que nos percatemos a simple vista, las leyendas cortas nos trasladan a parajes fantásticos en donde cuestiones intangibles como el amor adquieren un carácter de eternidad absoluta.

La historia que estoy a punto de compartirles el día de hoy, se relaciona con leyendas cortas románticas provenientes de la región sur del continente americano.

Érase una vez una joven princesa que vivía muy contenta al lado de sus padres. Sin embargo, pronto la muchacha tuvo la suficiente edad para comprometerse y su padre no perdió la oportunidad de arreglar el matrimonio con uno de los hijos de un rey vecino.

Lo que el rey no sabía era que el corazón de su hija pertenecía a otro noble de la corte. La chica nunca iba a tocar ese tema, ya que dicho hombre jamás iba a obtener los blasones suficientes como para llegar a ocupar el trono del soberano. Pese a ello, los dos enamorados se veían por las noches afuera de la iglesia.

Una noche en la que el prometido de la princesa fue a visitarla de sorpresa, se dio cuenta que ésta salió de sus aposentos procurando no ser vista. La siguió sigilosamente hasta arribar a la parroquia.

Inmediatamente se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo y en vez de ir a cuestionarle a la joven el porqué de su engaño, decidió ir y contarle sus cuitas directamente al rey.

– Su majestad, mi honor ha sido pisoteado esta noche. He visto a su hija besándose con un plebeyo afuera de la casa de Dios. Esto es inaudito.

– Seguramente tus ojos te engañaron. Mi hija duerme en estos momentos. ¡Guardias vayan a la cámara de la princesa y díganle que demando su presencia en este momento!

Los defensores del castillo hicieron lo que el soberano quería, más cuando volvieron a comunicarle que su hija no estaba en el palacio, se enojó muchísimo y le dijo a su futuro yerno:

– Te juro que le cortaré la cabeza a ese individuo.

Al día siguiente el rey interrogó a su hija y obtuvo el nombre de su amante. Rápidamente fue apresado y llevado al calabozo. No obstante, antes de que la sentencia de muerte se llevara a cabo, el soberano le pidió al hechicero del reino que convirtiera al muchacho en un insecto, pues no quería ver a su heredera sufrir.

El mago no sólo convirtió al preso en una cigarra, sino que a la hija del rey también, con el fin de que pudieran vivir felices para siempre.

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