Narraciones fantásticas

Narraciones fantásticas

Las narraciones las podemos localizar en cualquier crónica breve. Por ejemplo, ¿quién no ha escuchado hablar sobre el “Coco”? Ese extraño personaje que supuestamente crearon nuestras mamás para obligarnos a ir a la cama, aunque no tuviéramos sueño.

Y dije supuestamente, ya que un vecino de mi edificio, cuyo nombre es Mauricio por cierto, me platicó una serie de narraciones que indicaban que antenoche tuvo una charla con él.

– Mi papá me mandó dormir aunque yo le dije que mañana era sábado y que no debía levantarme temprano. Dijo Mauricio.

– No discutas. Vete a tu cuarto, ya tendrás edad de desvelarte cuando seas mayor, mientras tanto obedece. Si no lo haces, puede venir el Coco.

– Papá esas historias de que viene el Coco, estaban bien cuando yo tenía cinco años, pero de eso ya han pasado seis y la verdad es que con eso ya no siento ninguna preocupación. Replicó mi joven vecino.

– No te lo he mencionado para asustarte, simplemente te lo he dicho porque es la verdad. Pero si no me crees, te invito a que lo invoques esta noche. Seguro vendrá. Respondió su padre.

Mauricio cerró los ojos y puso su mano izquierda sobre el corazón pidiendo con todas sus fuerzas que aquella criatura mítica apareciera en sus aposentos. No obstante, nada ocurrió y el chico se fue a dormir.

Más o menos a las cinco de la mañana, escuchó que alguien estaba aventando piedras en su ventana. Se levantó muy enojado para abrirla. Ese momento fue aprovechado por un hombre calvo y de baja estatura quien entró velozmente al cuarto.

– Hola Mauricio, soy el Coco.

El niño se puso pálido y dio unos cuantos pasos hacia atrás. En ese momento el extraño hombre comenzó a carcajearse y le mencionó:

– No tengas miedo, sólo vine porque me llamaste. Mi verdadero nombre es Eugenio, pero todos me llaman “Coco” porque en mi cabeza ya no queda ningún cabello.

– ¿Y de qué quiere hablar señor?

– He visto que no obedeces a tus padres y eso no me gusta. Yo soy una criatura mítica que se alimenta del temor de los niños, pero también me gusta ayudar a aquellos que creo pueden cambiar su manera de actuar. Tú eres un buen muchacho y además tus padres únicamente desea lo mejor para ti. Trata de no hacerlos enfadar por favor, si lo haces volveré y esta vez no seré tan cordial.

– Cambiare, lo prometo.

Mauricio ha mantenido su promesa.

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